A veces, mi egoísmo
me llena de maldad,
y te odio casi
hasta hacerme daño
a mí mismo:
son los celos, la envidia,
el asco
al hombre, mi semejante
aborrecible, como yo
corrompido y sin
remedio,
mi querido
hermano y parigual en la
desgracia.
A veces -o mejor dicho:
casi nunca-,
te odio tanto que te veo
distinta.
Ni en corazón ni en alma
te pareces
a la que amaba sólo
hace un instante,
y hasta tu cuerpo cambia
y es más bello
-quizá por imposible
y por lejano-.
Pero el odio también me
modifica
a mí mismo,
y cuando quiero darme
cuenta
soy otro
que no odia, que ama
a esa desconocida cuyo
nombre es el tuyo,
que lleva tu apellido,
y tiene,
igual que tú,
el cabello largo.
Cuando sonríes,
yo te reconozco,
identifico tu perfil
primero,
y vuelvo a verte,
al fin,
tal como eras, como
sigues siendo,
como serás ya siempre,
mientras te ame.
---------------------
A veces como hoy
el alma sulfura de sentirte irremediable
la brasa de el anhelo me abraza...
casi apretujandome la hiel.
¡Sí!...¡La sangre me hierve!...
del impenetrable realismo...
Los celos me atrapan...¡Aullido!.
Le daré un discurso panegírico a mi alma
¡Oh! perdone homilía...
por adorar tupiendome las encias
por ser tan corrompido
según su statu...
en está noche...de noches razones
que me tiene lejos de él...de mí...
esto está en su auge solo déjeme prescribir...
No puedo evitar concivir
el otro extremo de estar así...: Safo
jueves, 10 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario